[Tras la Verdad] ¡Aún hay tiempo!

La semana pasada los priistas se encontraron con la sorpresa, el gusto y la felicidad del cambio del “dirigente” nacional Enrique Ochoa Reza, a quien nunca vieron como priista, quien salido de la nada fue encumbrado a la dirigencia nacional. Un hombre, que, ante la falta de nexos con la base territorial del PRI, nunca logró sacar a su partido del desprestigio, pareciera que no le importaba. Después de las “pilas de corrupción” acumuladas por algunos priistas en las que destacaron varios exgobernadores, el desgaste y desprestigio ha sido para todos, cuando los corruptos han sido los menos y la irritación de millones de mexicanos se fue al alza. Ochoa reza, nunca se preocupó por deslindar al PRI, como partido, de los corruptos, así que todos han pagado los “platos rotos”.

Todo se sucedió tan pronto y dentro del proceso electoral 2017-2018, en el que se renovará los poderes ejecutivo y legislativo federal, más 9 gubernaturas, cientos de diputaciones locales y presidencias municipales, con un dirigente ajeno al partido que supuestamente dirigía, que generó infinidad de inconformidades en la “repartición de las candidaturas; unas obedecieron a ciertos grupos de poder hacia el interior del PRI y otras a los caprichos de no se sabe quién, al incluir muchos candidatos sin vida partidista, más bien derivados de compadrazgos que tampoco se sabe quién. El enojo de priistas que, como siempre, se sienten con derecho a heredar candidaturas, no se hizo esperar y encendió más los ánimos. Las reglas para Juárez Cisneros son claras, nada de división, todos unidos en pro de los candidatos. Lo contrario que hizo Ochoa derivó en desvandada de priistas que se quedaron con las ganas de ser candidatos y así emigraron al partido que se ha caracterizado por recibir “la chatarra”, vengan de donde venga, incluso delincuentes que han pagado por sus candidaturas. Ese partido, Morena, creció inusitadamente -el perdonavidas- muchos ingenuos piensan que se trata de la nueva opción; otros pillos vividores de la política encontraron refugio entre los necrófagos que de todo se alimentan; y el dueño del partido, Andrés Manuel López, sin importar el respeto a la ley y ante la omisa actitud de las autoridades, viene en campara desde hace más de una década. El caos en plenitud de un proceso electoral inédito, que es manejado por un solo ente electoral, el INE, gracias al acuerdo de la cúpula de los partidos políticos que así dieron vida a las reformas electorales. Será la primera ocasión en la que, una sola casilla electoral, integrada por el INE, recibirá la votación de las elecciones federal, local y municipal; cuyos funcionarios de casilla realizarán el escrutinio y cómputo, y entregarán los paquetes electorales a distintas autoridades electorales.

Habiendo transcurrido un tercio de la campaña federal, cuando todo parecía que así se seguiría desarrollando en las filas del PRI, de pronto trasciende que el priista de sepa René Juárez Cisneros, fue citado para comparecer urgentemente en las oficinas que ocupaba, hasta entonces, Enrique Ochoa. Y la sorpresa no se hizo esperar, presentó “voluntariamente” su renuncia Ochoa Reza, al cargo de presidente y nombraron como interino a Juárez Cisneros, quien conoce las entrañas y las mañas del movimiento partidista; un militante que ha ocupado casi todos los cargos de elección popular a diferencia de Ochoa, que en su vida se había parado en las oficinas del PRI. Faltaban en ese momento dos tercios de las campañas ¿Se puede hacer algo política y electoralmente a estas alturas del proceso electoral? Por supuesto que sí, siempre y cuando se ponga a operar al ejército de priistas desilusionados y desmotivados; el PRI, sigue siendo el único partido que tiene estructura electoral en todos los estados, distritos y municipios, hasta llegar a la raíz, en la que se encuentran los seccionales. Estructura que se encuentra dormida, olvidada y desperdigada por la falta de motivaciones de los dirigentes. En estados como Querétaro, tiempo atrás priista habían pedido la salida del dirigente Ochoa, incluso del estatal Juan José Ruiz Rodríguez. Pero solo encontraron oídos sordos, el desinterés y excesiva falta de responsabilidad; solo les interesaban las candidaturas de representación proporcional ante la inminente debacle ocasionada por ellos mismo por el claro y cínico comportamiento de muchos dirigentes sobre el desconocimiento del funcionamiento operativo de un partido. Con el paso del tiempo, las pruebas no dejaron duda alguna, esos mismo “dirigentes”, acapararon los espacios de las candidaturas de representación proporcional. ¡Se atragantaron!

El cambio de discurso del presidente Juárez se ha hecho notar; además, Ochoa procuraba no invitar a los eventos a los priistas de corazón, por el quisquille del desprestigio del PRI; por lo tanto, muchos eventos eran desangelados. Se sabe de la loza tremenda que carga Meade con ese desprestigio, pero no hay nadie que defienda a los millones de priistas honestos, ante una minoría rapaz que llevó al desprestigio al PRI. Y de ello se han aprovechado tanto Anaya como López, generalizado la creencia y equiparando a un priista como sinónimo de corrupción, lo cual es absolutamente falso, tendencioso y mentiroso. Pero ante la mentira y sin defensa, muchos cayeron en ese discurso de “labiosos y mentirosos”. Aún recuerdo a un extraordinario maestro en la Facultad de Derecho, quien nos decía: “repitan una mentira 100 veces y se convertirá en verdad”. Y eso han hecho Ricardo Anaya y Andrés Manuel López. Gran parte de sus campañas las han basado en mentiras.

Si bien el verdadero priismo aplaudió el repentino cambio, por sí solo no resolverá el problema de fondo. Primero hay que lograr la unidad, sanar las heridas, sumar a los desperdigados y desilusionados, seguir con los ajustes y remover a quien haya que remover para incorporar a los trabajos a esos miles que no fueron escuchados ni tomados en cuenta, invitarlos y apoyar a todos los candidatos, incluso remover a aquellos que no sean garantía de lucha partidista y que niegan ser priistas, incluso omiten el emblema del PRI, pretendiendo engañar al electorado, y todo por el desprestigio al que un “puñado de delincuentes” llevó a los priistas. Algunos ya están en la cárcel y están siendo procesados en cumplimiento a la legalidad, sin ser solapados por el gobierno priista; aquí otra mentira de Anaya, quien en sus promocionales asegura que gracias a él fueron detenidos esos delincuentes, lo cual es totalmente falso.

A una semana de haber arribado René Juárez Cisneros a la dirigencia nacional del PRI, no se han visto movimientos, cambios o ajustes; las cosas siguen igual, salvo sus discursos y mítines en los que ya son invitados los priistas olvidados. Los priistas aún están a tiempo de cambiar y de lograr remontar las tendencias. Parte del discurso debe ser el de reconocer y aceptar que hay priistas corruptos que ya están en la cárcel, otros en “camilla” y a todos aquellos que se demuestre su presunta responsabilidad correrán la misma suerte, no pretender desligarse de ello por el hecho de que un excelente candidato, el mejor para México, quien garantiza paz, estabilidad, justicia social y crecimiento económico, como José Antonio Mead, sea este ciudadano y por tanto sin partido; pero son tres partidos políticos los que respaldan su candidatura y miles de ciudadanos sin partido. Se requiere más coraje, más enjundia y mayor empatía entre el discurso con los hechos para convencer a los millones de indecisos y bajar del pedestal de mentiras a los otros candidatos. Se necesita agresión política, hechos y palabras en los discursos que acrediten con la verdad que es el mejor proyecto el que encabeza PP Meade Kuribreña. México no requiere de experiencias negativas que han probado en exceso que el populismo, sea de derecha o izquierda, es destructivo para cualquier pueblo.

Juárez Cisneros necesita dar la última y decisiva sacudida al PRI que haga despertar a todos aquellos priistas de corazón que siguen dormidos y muchos cansados y avergonzados de la corrupción de una minoría, pero que la mayoría tiene que cargar con el peso de la vergüenza; esta es una loza que debe ser destruida con buenos discursos no solo de aquello que se pretende hacer, también hacer mención de ser intolerantes ante la corrupción e impunidad que reina en todas partes, no solo entre los priistas. En Morena y el PAN, también se destapa la cloaca, ahí también hay mucha corrupción, pero los candidatos se dan baños de pureza que está muy lejos de dejarlos limpios, la materia escatológica la traen por todas partes; eso también debe denunciarse como el lavado en que incurrió Anaya y por tibieza de la autoridad federal se he ha perdonado, como sucedió con Andrés Manuel López Obrador, cuando iba a ser desaforaro por delincuente al haber violado sentencias de amparo; o la corrupción que privada en sus oficinas que todo negociaban cuando encabezó el gobierno de la CDMX;, lo perdonaron y sigue viviendo de la política –sin trabajar, sin producir un centavo, solo consume-, con la posibilidad de ser el próximo Presidente delincuente. Se les debe desnudar tal cual son en realidad. René Juárez y su equipo tienen mucho trabajo que realizar si quieren ganar en las elecciones del próximo uno de julio. Solo será maquillaje si no hacen nada y el resultado final será el mismo como si estuviese Enrique Ochoa, al frente. Que después no se lamenten. ¡Aún hay tiempo! Siempre y cuando todos se pongan a trabajar y a reconocer culpas ¡Los corruptos a la cárcel! Ya basta de tanto saqueo e impunidad.

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