[Me Lleva el Diablo] El secuestro en Querétaro, aquí operó “El Mochaorejas”, que hizo temblar a México

La información sobre secuestro, en México y Querétaro, nos llama la atención para realizar un ejercicio de memoria histórica.

En su informe, el subsecretario de Seguridad Pública, Ricardo Mejía Berdeja, destacó que en abril de este 2022 fueron sentenciadas 55 personas por secuestro, con condenas que van de los 10 a los 150 años de prisión.

Dentro de ellos cinco en Querétaro, pero de acuerdo con información del área de comunicación social de la fiscalía del estado, durante abril se obtuvo en juicio oral sentencia condenatoria por un total de 266 años de prisión en contra de seis personas, por su responsabilidad en secuestros ocurridos en el mes de abril y octubre de 2021, en el municipio de San Juan del Río, nada en comparación a lo que le voy a comentar.

Primero: detenciones de personajes ligados al crimen organizado han mostrado que estos han encontrado en Querétaro un refugio y tranquilidad: Héctor Beltrán Leyva “El H”, Enrique Plancarte, Amado Carrillo Fuentes, Daniel Arizmendi López y otros capos del narcotráfico o personajes de la delincuencia se dice que vivían en Querétaro cuando fueron detenidos.

Es verdad que solo se escuchan rumores de que en Querétaro vivían o viven líderes o familias del crimen organizado o que el estado era un lugar de refugio y treguas.

Pero cuando se revise la historia delictiva mexicana, uno de los capítulos más gruesos será sobre el secuestro; los estados de Morelos y Querétaro aparecerán como primera cita y uno de los personajes principales será Daniel Arizmendi, “El Mochaorejas”, hombre de una crueldad que supera la ficción de terror más fuerte.

Hace 22 años operó en Querétaro Daniel Arizmendi, “El Mochaorejas”, el hombre que hizo temblar a México en los 90.

Daniel Arizmendi fue sentenciado a 393 años de prisión por los delitos de privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro delincuencia organizada, posesión de armas de fuego y homicidio.

Daniel Arizmendi López, “El Mochaorejas”, operaba en Querétaro, en el municipio de Corregidora; tenía su guarida en la colonia Santa Bárbara, y cuenta la leyenda que iba al bar El Crucero, antes el Barrio Alegre, en Nicolás Campa y Arteaga, donde se tomaba dos, solo dos tequilas derechos; serio, tranquilo y sereno, pagaba y se retiraba calmadamente y se subía a su “vocho”, modesto el hombre; sin llamar la atención el hombre que había obtenido más de 160 millones de pesos por los rescates de sus víctimas.

El crimen organizado y su relación con Querétaro comenzó a intensificarse a finales de los años noventa, cuando Daniel Arizmendi López, “El Mochaorejas”, secuestró y asesinó al empresario Raúl Nieto del Río, miembro de la familia propietaria de “Empresas Nieto”.

“El Mochaorejas”, nombrado así por cortar las orejas de sus víctimas para posteriormente enviarlas a sus familiares y pedir recompensa, fue aprehendido por la PGR en Naucalpan, Estado de México.

Sin embargo, durante una entrevista, Daniel Arizmendi declaró que después de huir de Cuernavaca, Morelos, se trasladó a una “zona turística” de la ciudad de Querétaro, en donde rentó un departamento amueblado.

Aproximadamente 10 días después, Arizmendi habría comprado una propiedad en la colonia Santa Bárbara, municipio de Corregidora.

En esa vivienda, “El Mochaorejas” enterró en Santa Bárbara a Raúl Nieto del Río, después de que en la operación de secuestro, realizada en la carretera Querétaro-Celaya, uno de los delincuentes disparó contra el empresario provocándole la muerte.

Arizmendi montó un teatro e intentó cobrar el rescate de 15 mil dólares, de aquellos dólares de 1998.

Fue detenido al querer cobrar el rescate por El Toreo 4 Caminos, el 17 de agosto de 1998, después de su detención en el Estado de México, Daniel Arizmendi López fue trasladado a la capital queretana para que rindiera su declaración. Posteriormente, fue trasladado a la Ciudad de México, en donde fue sentenciado a cientos de años de prisión.

“Yo creo que sí volvería a empezar. Aunque tuviera 100 millones de dólares lo volvería a hacer. Secuestrar era para mí como una droga, como un vicio. Era la excitación de saber que te la estabas jugando, que te podrían matar. Era como adivinar, ahora le corto una oreja a este cuate y va a pagar. ¡Y pagaban! No sentí nada, ni bueno ni malo, al mutilar a una víctima; era como cortar pan, como cortar pantalones”, dijo en una entrevista, de acuerdo con el artículo “Un mal día en la vida de Daniel Arizmendi”, escrito por el cronista ya fallecido Carlos Monsiváis para Proceso en 1998.

Una historia que no termina es la industria del secuestro.







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